¿Café solo o con gato?

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Joan Cortadellas

Artículo de: http://www.elperiodico.com/es/noticias/barcelona/gatos-cat-cafes-barcelona-5349322

Aquí a uno le entra de sopetón la credulidad de ‘Alicia en el país de las maravillas’. En pocas cafeterías te advierten de que se te puede sentar Clooney en las rodillas. Hay gato encerrado, claro. Nueve gatos en concreto. “Encerrados hasta que encuentren una familia”, puntualiza Tereza.

Tereza Reindlova sonríe tras una pequeña barra. Frente a ella, una decena de personas toman algo sin prestar atención a lo que toman. Hay un árbol de pega, estanterías con escalones y tazas donde se lee “el ronroneo es un masaje al corazón”. Cada mesa tiene su carta de gatos: se detalla nombre, edad y carácter de los nueve que se pasean alrededor. Hay quien intenta pescarlos con cañas de juguete, otros los miran embobados, les tiran ratones de plástico y alguno sonríe triunfal con un minino negro ronroneando en el regazo. Ese es Clooney.

Un escaparate en la calle Terol basta como reclamo: siempre hay alguien marcando vaho delante del cristal. “Muchas veces hay más gente fuera que dentro”, asegura Tereza. “Limitamos el aforo. La idea es tener un ruido aceptable para los gatos”. Unas diez personas. Si son tranquilas, 20. Así que se recomienda reservar. No cierran hasta las once de la noche. “Respetamos los horarios de los gatos. Ellos son nocturnos”.

El local se llena a diario desde que lo abrieron hace poco más de un mes. Son dos socias: Tereza y Eva González. “Llevamos bastante tiempo en protectoras de gatos como voluntarias”, explica la checa, que se instaló en Barcelona hace 9 años. “Pensamos fusionar el concepto de cat café japonés, que es lúdico, con el de una protectora”. Aquí el objetivo es que los gatos encuentren casa. Todos son de protectoras. “Damos prioridad a los casos que llevan más tiempo buscando familia”. Por ejemplo: Clooney, el “seductor”, y Pavarotti, el otro gato negro que remolonea por el café. Ambos sufrieron juntos un síndrome de Noé. “La gente que acumula animales en casa –explica Tereza-. Había 40 o 50 gatos en esa familia”. Ya ha salido una primera gata en adopción: Greta, y otras dos lo harán en breve: Pixie y Dixie. “Hacemos seguimiento. Es como cuando se te va el niño de casa”.

Al entrar hay que atravesar dos puertas para evitar fugas, como en un banco. Tereza recibe a los recién llegados con una retahíla de normas. “Nunca hay que obligarlos a hacer nada”, le dice a una niña que viene con sus padres. “No les deis de comer”, añade con la seriedad con la que hablaría de Gremlins. “Esto es un club, funciona por entrada”. “Es una de nuestras tareas -explicará Tereza después–: “Enseñar que el gato no es un juguete, que hay que respetar su carácter”. De hecho, este mes empezarán a dar charlas.

A dos minutos, en la calle Sant Lluís, hay otro local donde te recibe ronroneando Freud. Gatuari. Casualmente abrió también en julio, después de tres años. “Fácil no ha sido -asegura Enric Sintes, uno de los socios-, porque no hay precedentes y no hay una normativa clara”. Al lado, resopla su socia y pareja, Meritxell Jaén. Enric muestra los dos gatos que tiene tatuados en el brazo. “Nuestros primeros gatos –dice orgulloso–. Eran leucémicos [tenían un virus]. Nos han cambiado la vida”. Tienen una tercera socia: Clara Clemente. Los tres han compartido mucho tiempo en asociaciones de protección animal. Ahora son “una cooperativa sin ánimo de lucro y de iniciativa social”, describen. Este mes también comenzarán a dar cursos.

El Gatuari también ofrece todo el ‘cat-pack’: gatos, bebidas, ‘mer-cat-dising’, aunque este, más que un café, da impresión de ‘loft’. Incluye un árbol y estantes a prueba de siete vidas: en todas las alturas posibles. Tiene música zen de fondo y “biblioteca animalista” con libros hasta de Garfield. “No es un sitio en el que dejar a los niños como si fuera un ‘chikipark’ –apunta Meritxell–. Se llama Gatuari porque es la fusión de gato con santuari”.

“Nos fijamos en la Gatoteca de Madrid –recuerda Enric–, la primera con gatos adoptables”. Ellos tienen cinco mininos en busca de familia. Quieren llegar a 10. Todos son de perfil “invisible”: llevaban demasiado tiempo en un refugio. “Atigrados, viejitos y negros”, enumera Enric. Tres de los cinco gatos, de hecho, son negros. “Hay mucha superstición”. El centro colabora, además, con Viopet: un programa que acoge a las mascotas de víctimas de violencia familiar.

Aún hay un tercer espacio gatuno en camino: Cats Home BCN, que prepara la asociación ADiRA cerca de Glòries. “Queremos tenerlo listo para finales de septiembre”, anuncian. “Montaremos una Cat Fashion Shop, haremos talleres y tendremos unos cinco gatos en acogida”.

Aunque, claro, ya era de prever que unos cafés con gatos traerían cola.

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