“Pasó de no ser nadie abandonada en una jaula a ser la preferida de la casa”

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Vivo en Canadá, donde ya no se pueden comprar perros ni gatos en tiendas de animales. Después de un tiempo pensándolo nos decidimos a adoptar a un perro. No nos importaba la raza, aunque sí preferíamos que fuese de tamaño mediano o grande.

Una vecina nos habló de una mujer que tenía una camada en su casa, le sobraba un cachorro de 8 semanas, el cual no habían podido colocar y no lo querían. El futuro de ese cachorro seguramente hubiese sido la perrera. Nos decidimos y llamamos a la persona en cuestión. Me dijo que podíamos quedar en ese momento y que fuese a su casa a por el cachorro. No me dio más datos, ni siquiera sabía que clase de perro me iba a encontrar

Una vez allí llamé al telefonillo, pensando en subir a su casa y por fin conocer a mi futura mascota. No fue así, la señora decidió bajar al portal y entregármela allí. Todo era muy raro pero nunca había tenido un perro antes, me pillaba todo de sorpresa. Minutos después se abrió la puerta del ascensor y allí estaba. Una bola negra peluda toda sucia y un olor terrible, pero adorable. La mujer me dijo que el animal no tenía aún las vacunas pero que no me preocupase porque aún era muy pequeña y no las necesitaba.

Y la cogí por primera vez, era una hembra, mi pequeñita. La mujer me dijo que estuviese tranquila, que la perra ya había aprendido a hacer sus necesidades, y los gastos del veterinario no serían muy altos, unos $40 (30€). La verdad es que le creí todo, hasta que llegué a casa y me di cuenta de que Maya estaba demasiado sucia, tenía miedo a todo y me llenó todo el salón de pipí. Creo que el animal no había salido de una jaula en dos meses.

Al llevarla al veterinario nos dijeron que necesitaba todas las vacunas y tenía la tripita llena de parásitos. Nos gastamos mucho más dinero que esos $40. Tuvimos que empezar de cero, tanto en salud, como en alimentación y educación. Nos apuntamos a clases, en las que Maya acabó siendo una alumna de primera.

Pasó de no ser nadie abandonada en una jaula a ser la preferida de la casa. Todos los días nos vamos dos horas al bosque y quedamos con sus amigos perrunos. Es un perro feliz y sin dudarlo nos volveríamos a gastar el dinero para sacar adelante un cachorro que a saber cuál hubiese sido su suerte si hubiese acabado en la perrera, que haber comprado un perro de pedigree en alguna tienda.

                                                                                         Esmeralda Alfonso

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